
Merodea, ante tus ojos,
abiertos al cielo desentonado,
la nostalgia que engulles
de mi vida;
concupisciente y fresco aroma,
de amor entre noches y sábanas:
mausoleo del apetito rojo.
Como la lluvia, las azules y diáfanas
gotas en tu cuerpo levantisco
diseminas, e insemino el camino crudo;
estallan bombardeos acusosos y mudos
en los senos de la mirada dócil,
y agujerean, como espinas en mi corazón,
la vela que surca tímida tu boca.
Hielo en los fogosos labios,
como una ventisca de desierto;
Primavera que amaneces con raro estruendo,
y tu sensuales pétalos abres;
¡musa divina, domina mis designios!
Genís.
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