domingo, 7 de marzo de 2010



Desnúdate cielo, de este gris desánimo
y abre tus frutos del amor que germina,
lavanta las tempestades hostiles
que alzan las hojas muertas de estos campos
y agarra el valor de un simple beso.

Ilumina con los pétalos de tu flor candente
los cielos pintados con un dado al azar
y las montaña que exhuman música.

Navega entre las olas de mi ropa,
y extiende el firme telón en el firmamento;
sencillo cual aleteo frágil y dócil,
el tiempo que abarca tus pupilas
tras un séquito de luz purpura.

Amanece como un despertar ligero,
como el tiempo, amante del destino,
clavando los segundo en tus pies desarmados,
sin tus alas ni tus nubes...

Amortajada entre la llave y la pared,
en la sombra del callejón
tus labios rompen las formas lúcidas
para escapar en un amor que te evapora.

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